sábado, 19 de diciembre de 2015

Las letras, el átomo del mundo.

Las letras el átomo del mundo.
Con redundancia empezare diciendo que las L E T R A S  son un átomo (una unidad mínima e indivisible), las letras se siguen las unas a las otras en fila parecieran hacer distancia a veces y luego continúan.
Las letras forman palabras, las palabras forman oraciones, las oraciones párrafos y los párrafos llenan páginas sobre la historia de alguien como esta pequeña niña llamada luz.
Esta señorita de apenas 8 años de edad, que estaba en su cuarto castigada sin comer por no haber obedecido a su madre debido a que ella no podía ordenar su cuarto ya que si despejaba su cama las muñecas se quejarían de no tener asiento donde beber el té. Tampoco la niña  no podía encerrar a sus conejos, osos, leones, jirafas  de peluche en sus baúles y armarios, ya que los zoológicos le parecían tristes.
E Imposible que devolviera la alfombra roja al living! Sino la fiesta no tendría en donde bailar y ella no podría darse el gusto de compartir una pieza musical con el príncipe de sus sueños.  Una fiesta glamurosa, caballeros bien trajeados, mujeres vestidas con la mejor de las sedas y peinados maravillosos; un festín inimaginable hasta para el más grande amante de la comida aunque había uno que otro hipopótamo comensal que ponía en duda si el alimento alcanzaría.
Ah y eso que no les conté de las hadas quienes inundan de encanto el salón con su resplandor y delicadeza llenando así de brillo y armonía a las  bellas princesas. Todo es perfecto, los pingüinos tocan en la orquesta las bellas damas bailan con educados señores, los animales se divierten, las brujas se cuentan los chusmerios del reino.
Al llegar las 12 en punto la fiesta termina con un brindis de jugo de naranja servido en copas de champagne, el favorito de la princesa,  y cada quien coge su respectivo carruaje tirado por hermosos caballos y uno que otro unicornio, la princesa pasea en su glamuroso carro mientras ve la luna que esta bellísima esa noche, resplandece como foco de luz y su castillo es cómodo como sus acolchados.
La puerta se abre, todo ha acabado y la nena se encuentra en su cuarto, su madre quien abrió la puerta decide darle de comer y luego leerle un cuento sobre una gran fiesta donde príncipes y princesas bailan en una gran alfombra roja, es el cuento favorito de la princesa.. Uh no esperen, de la niña.
Y pensar que todo  hubiera quedado en la nada si no hubiera escrito sobre este gran y divertido baile y  si la nena no conociera el cuento jamás hubiera vivido tales alegrías que solo en la realidad real de los sueños se viven.
¿Quien sabe cuántos mundos se perdieron en aquel entonces donde la escritura no existía?, ¿cuanto sabríamos del mundo si esta no existiera?
Las letras es donde todo comienza y donde los sueños se hacen eternos, un placer colectivo con gustito a privado, un minuto para caer en un lugar en donde todo tiene más sentido que nuestra vida diaria y donde la alegría es aquello que vivimos y no lo que perseguimos.
¿Quién sabe cuántos mundos existen? Solo sé que quiero construir el mío letra por letra, oración por oración, párrafo por párrafo, texto por texto, paso por paso y que este camino sea eterno.
El hombre es dios en su mente y un constructor en su escritura.
Cuando comenzamos a nacer, la mente empieza a comprender que vos sos vos y tenes vida. Que poca cosa es la realidad, tanto seguir, tanto soñar, y lo que vale no es el dia. Pero el sol (pero el sol...) esta! - Cuando comenzamos a nacer Sui Generis.

Escrito por Iván Ignacio Mammana.