Me enteré que te ibas de viaje y como no pude llegarme a tu casa antes de que salieras, decidí enviarte esta carta carta.
Quería
comentarte que estaba muy agradecido por la lección de los otros días.
Antes cometía el mismo error una y otra vez. Me encontraba frustrado,
casi resignado, a hacer siempre lo mismo que ayer. Siempre fallando sin
que nadie tuviera la consideración de marcarme mi error... "dormía con
los visitantes". Ya no podía sacarme el olor del whisky barato, del
cuero, de los cigarrillos y las prostitutas. Era un asco. Un olor tan
común, ya muy viciado. Necesitaba oler la Peperina. Difícil era cerrar
los ojos para escuchar con tantas luces encandilándome, tenía pegada "la
grasa de las capitales".
Cansado
de correr en el camino equivocado me gritaste mediocre, como lo hiciste
en 1979, a otro joven. Al menos yo lo aproveché. Me recordó que el rock
no siempre viste de negro y está arriba del escenario con cuerpo viril y
haciendo de su testosterona un show. Me recordó que el rock es protesta
contra todas las injusticias, es vanguardia en juventud. Hace rock
quien es atrevido y se anima a decir lo que está prohibido. Lo hace
aquel que se revela y que entiende que el rock no es solo en la gran
ciudad. Es y está en el mundo.
Fuiste
atrevida y loca en un mundo enceguecido. Con vocación y juventud,
pusiste el alma y cargaste la cruz por eso. Le enseñaste de rock al gran
maestro y de periodismo a los grandes medios. Decidiste vivir con la
verdad (aquella que vos viste) antes que acoplarte al aparato, aunque
esto significara que tuvieras sufrir el estigma. Es que estabas
convencida que había que cambiar al colectivo... imaginario.
Buen
viaje Patricia, gracias por vestir al rock con cuerpo de mujer, letras y
aroma a peperina. Si tengo suerte nos vemos en el show.
Con cariño, un pueblerino.
"y esto será siempre así quedándote o yéndote" Quedándote o yéndote - Luis Alberto Spinetta

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